lunes, septiembre 05, 2005

La música de las neuronas :: El mito del yo


«Los seres humanos no tenemos cerebro. Somos nuestro cerebro. Cuando le cortan la cabeza a alguien, no lo decapitan sino que lo decorporan. Porque es en este prodigioso órgano donde somos, donde se genera nuestra autoconciencia, el «yo» de cada uno. Por tanto, lo que llamamos «yo» no es separable del cerebro. Si dijéramos «el cerebro me engaña», la implicación sería que mi cerebro y yo somos dos cosas diferentes. Mi tesis central es que el «yo» es un estado funcional del cerebro y nada más, ni nada menos.
El «yo» no es diferente del cerebro. Ni tampoco la mente. Son unos de tantos productos de la actividad cerebral, a partir de la cual hemos llegado a la Luna y tenemos posibilidades ilimitadas de hacer realidad nuestros sueños.

El cerebro es una entidad muy diferente de las del resto del universo.
Es una forma diferente de expresar todo.
La actividad cerebral es una metáfora para todo lo demás.
Somos básicamente máquinas de soñar
que construyen modelos virtuales del mundo real.»


Conversaciones con Rodolfo Llinás

En El cerebro y el mito del yo, libro con prólogo literario de Gabriel García Márquez, Rodolfo Llinás, uno de los creadores de la neurociencia moderna, presenta un original punto de vista de la evolución y la naturaleza de la mente. Hubiera preferido un prólogo musical hablando de "la música de las neuronas", pero el de Gabo no está nada mal para ayudar reconocer la poesía de la neurociencia a quienes de entrada encuentren estos abordajes científicos fríos, mecánicos y poco iluminadores. Este libro les dará otra perspectiva...
Pueden leer estas Conversaciones con Rodolfo Llinás para abrir boca.



De acuerdo con Llinás, el “estado mental” evolucionó para permitir las interacciones predictivas entre las criaturas vivas con movimiento y su medio ambiente. Él ilustra la evolución temprana de la mente a través de un animal primitivo, la Ascidiacea, un tunicado cuya forma larval adulta tiene un ganglio similar a un cerebro que recibe información sensorial acerca del medio ambiente circundante. La forma adulta de este animal se adhiere a un objeto estacionario y digiere la mayor parte de su propio cerebro, lo cual sugiere que el sistema nervioso evolucionó hasta permitir el movimiento activo en los animales. Para moverse con seguridad en el medio ambiente, una criatura, cualquiera que ella sea, debe prever el resultado de cada uno de sus movimientos con base en los datos que le llegan por los sentidos. Por tanto, para Llinás la capacidad de predicción es probablemente la función primordial del cerebro, hasta el punto de que podría decirse que el “sí mismo” es el centro de la predicción. El núcleo de la teoría de Llinás es el concepto de oscilación. En muchas neuronas, la actividad eléctrica se manifiesta como variaciones oscilatorias representadas por oscilaciones de mínimo voltaje a través de la membrana celular. En los picos de esas oscilaciones se presentan eventos eléctricos mayores, que son la base de la comunicación entre las neuronas. Como cigarras que suenan al unísono, los grupos de neuronas, a su vez, oscilan en fase con otros grupos distantes, creando una especie de resonancia. Esta simultaneidad de la actividad neuronal es la raíz neurobiológica de la cognición, y aunque el estado interno que denominamos “mente” es guiado por los sentidos, también es generado por esas oscilaciones dentro del cerebro. Es así como, de cierta manera, podría decirse, según Llinás, que la realidad no solo está “allá, afuera”, sino que existe una especie de realidad virtual.



A partir de estos dos postulados, Llinás explica el movimiento, los sueños, la encefalización de los seres vivos, la conciencia, los patrones de acción fijos una especie de modelos universales con los que todos venimos al mundo, las emociones, la memoria y el lenguaje. Finalmente, Llinás explica la comunicación entre los diversos seres vivos y aventura algunas opiniones audaces sobre la Internet y su significado en la evolución de la especie humana. La exposición de la evolución y del desarrollo de la conciencia que presenta Llinás es lo suficientemente accesible e intrigante como para despertar el interés del lector, tanto desde el punto de vista científico como desde el punto de vista filosófico. Con base en la investigación de muchos años, este libro explica nuestra conciencia como el vínculo sincrónico entre el sistema tálamo-cortical y el movimiento físico. Ilustrado con delicadas imágenes artísticas y científicas en respaldo a las teorías expuestas, el libro de Llinás plantea varios desafíos científicos y epistemológicos.

Fuente

Conversaciones con Rodolfo Llinás

1 Comments:

Blogger irichc said...

El yo es más que una abstracción o epifenómeno. Remito a la siguiente lectura:

http://justicia.bitacoras.com/archivos/2006/01/07/la-vida-y-el-elan-en-bergson#comentarios

* * *

Gödel también escribe:

"En correspondencia con la forma disyuntiva del teorema principal sobre la incompletibilidad de la matemática, las implicaciones filosóficas serán prima facie también disyuntivas, aunque en todo caso se oponen decididamente a la filosofía materialista. Así, si vale la primera alternativa, esto parece implicar que el funcionamiento de la mente humana no puede reducirse al del cerebro, que es, bajo toda apariencia, una máquina finita con un número finito de partes, esto es, las neuronas y sus conexiones. De esta forma, uno llega aparentemente a adoptar algún punto de vista vitalista.

Por otro lado, la segunda alternativa, en la que existen proposiciones matemáticas absolutamente indecidibles, parece refutar la concepción de que la matemática (en cualquier sentido) es sólo nuestra propia creación. Pues el creador conoce necesariamente todas las propiedades de sus criaturas, ya que ellas no pueden tener más propiedades que aquellas que él les ha dado. Así, esta alternativa parece implicar que los objetos y hechos matemáticos, o al menos algo en ellos, existen objetiva e independientemente de nuestros actos mentales y decisiones, es decir, supone alguna forma de platonismo o “realismo” respecto a los objetos matemáticos. Pues la interpretación empírica de la matemática, esto es, la concepción de que los hechos matemáticos constituyen un tipo especial de hechos físicos o psicológicos, es demasiado absurda para ser mantenida (…).

Por supuesto he simplificado las cosas en estas breves formulaciones. Existen en ambos casos ciertas objeciones, aunque, en mi opinión, no resisten un examen minucioso. En el caso de la primera alternativa podría objetarse que el hecho de que la mente humana sea más efectiva que cualquier máquina no implica necesariamente que exista alguna entidad no material, como una entelequia, fuera de los cerebros, sino sólo que las leyes que gobiernan el comportamiento de la materia viva son mucho más complicadas de lo que se había esperado, y en concreto no nos permiten deducir el comportamiento del todo de las partes aisladas. (Esta concepción parece, incidentalmente, recibir también apoyo de la mecánica cuántica, donde el estado de un sistema complejo no puede en general describirse como compuesto de los estados de los sistemas parciales.) Existe de hecho una escuela de psicólogos que defiende esta concepción: los llamados holistas. Sin embargo, me parece claro que también esta teoría deja de hecho de lado el materialismo, pues adscribe a la materia desde el principio todas las misteriosas propiedades de la mente y la vida, mientras que originalmente la esencia misma del materialismo consistía en explicar esas propiedades a partir de la estructura del organismo y las leyes relativamente simples de la interacción entre las partes.

No se sabe si la primera alternativa, es válida, pero de cualquier modo está bastante de acuerdo con las opiniones de algunos de los investigadores más destacados en fisiología nerviosa y cerebral, que niegan decididamente la posibilidad de una explicación puramente mecanicista de los procesos psíquicos y neuronales. En cuanto a la segunda alternativa, podría objetarse que el constructor no necesariamente conoce todas las propiedades de lo que construye. Por ejemplo, construimos máquinas y sin embargo no podemos predecir sus comportamientos con todo detalle. Pero se trata de una objeción muy pobre. Pues no creamos máquinas de la nada, sino que las construimos de algún material dado. Si la situación fuera similar en la matemática, entonces ese material o base de nuestras construcciones sería algo objetivo, lo que por tanto exigiría la adopción de alguna concepción realista, incluso si algunos otros ingredientes de la matemática fueran de nuestra propia creación. Lo mismo ocurriría si en nuestras creaciones utilizáramos algún instrumento que radicara en nosotros pero que fuera distinto de nuestro yo (tal como la “razón”, interpretada como algo semejante a una máquina pensante). Pues los hechos matemáticos expresarían entonces (por lo menos en parte) propiedades de ese instrumento, el cual gozaría entonces de existencia objetiva”.

Saludos.

8:00 a. m.  

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